El cambio continúa

08.01.2019


Hace días no escribía… y no, no he abandonado la idea de mi blog, pero si debí hacer una pausa obligada en medio de una nueva transición.


El 2018 fue el año de los cambios… como ya les he contado, tome decisiones en relación con el trabajo que desempeñaba y dedicarme a la pastelería -mi verdadera pasión-, a partir de ahí, se han derivado muchas otras decisiones enfocadas en algunos temas que había dejado en segundo plano, que empezaron a convertirse en vacíos.


Durante muchos años y casi sin darme cuenta, empecé a darle prioridad a todo, dejándome en último lugar a mí… …siempre primero el trabajo, siempre primero las situaciones de los demás, siempre cumplirle a todos, siempre entregando lo más preciado: mi tiempo, a todos menos a mí… solo al escribir esta frase me doy cuenta de lo dura que es, pero hay algo que aprendí muy bien en mi vida reciente y es que basta con darse cuenta para hacerse cargo y poder salir de los círculos viciosos para hacer de ellos círculos virtuosos.


Cambié mi estilo de vida, aprendí a quitarme pesos de encima que quizás no me correspondían, comencé a hacer ejercicio, a comer saludable y así poco a poco empecé a sentirme más liviana tanto física como emocionalmente. Sigo entregándome a los demás, porque de eso también se trata la vida, pero todo en la justa medida.


Hoy, 10 meses después de iniciar esta transición, con 19 kilos menos, una sonrisa genuina y un brillo en la mirada que refleja salud y felicidad, llegó también el momento de la mudanza. Inicio el 2019 en un nuevo espacio para vivir, dejando atrás historias hermosas -y otras no tanto- de un lugar maravilloso que disfruté durante 7 años…


Esta nueva aventura inicia con mucha ilusión, en un lugar donde ahora cuento con un espacio exclusivo para mi taller de pastelería y cuento también con mi estudio creativo para los procesos de decoración, empaque y fotografía de mis productos.

Empieza un año que promete ser aún mejor para seguir construyendo y consolidando Amor de Dulce, porque aunque lentamente, sigo firme y convencida de este camino que elegí. No tengo afán, tengo sueños, planes y metas que se van materializando al ritmo que deseo vivirlas.


Los sueños se cumplen poco a poco, basta con convencerse de la idea y trazar los caminos que conduzcan a lograrlos. Esta bien ponerse tiempos, pero no presionarse por ellos, ni frustrarse si en el proceso se dilatan o surgen imprevistos que los alteran. El secreto está en corregir el rumbo y retomar siempre, explorando nuevos caminos.


Parte de la felicidad en esta etapa de mi vida ha sido poder latir a otro ritmo, sin forzar la marcha; en la vida no hay afán, esa es una idea de la que hemos sido víctimas, cada cosa tiene su tiempo y la vida se disfruta mejor otorgando a cada momento la dimensión adecuada para obtener de cada uno lo sustancial.


Mis sueños se mudan a un nuevo lugar pero siguen más firmes que nunca para seguir construyendo, creciendo, avanzando y aprendiendo.

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