Enseñando se aprende

15.03.2019


Este mes tuve una experiencia nueva y maravillosa: brindar un taller personalizado de repostería.


Hace una semanas me contactó alguien vía Messenger, una persona desconocida con inquietud sobre los macarons; pero su interés no era comprarlos, ella quería aprender a hacerlos perfectos y me pidió que le enseñara.


Era importante descifrar el misterio, ¿cómo llegó a mí? Me sorprendió gratamente saber que pidió recomendaciones en un grupo de emprendedores en Facebook y resultó que dos personas allí coincidieron en recomendarme a mí...


Este es el verdadero poder de las redes sociales, bien focalizado, que empieza a jugar a mi favor con fines legítimos de colaboración, y no con la superficialidad del chisme, el peligro del fraude o la creciente tendencia de información nociva y falsa.


Que linda sensación saber que alguien a lo lejos está viendo tu trabajo.

Volviendo a mi historia, Anapaola -mi alumna y colega-, es una persona como yo, con una historia parecida, con una profesión diferente a la repostería, pero con una pasión que la llevó por este camino. Me contó que es casi empírica y si bien ya sabía preparar los macarons, no le quedaban como deseaba y quería perfeccionarlos.


Le hice una propuesta, llegamos a un acuerdo y planeamos hacer el taller en su casa para poder trabajar en las condiciones habituales en las que ella hornea y así, fijamos fecha y hora para este experimento.


Mi primer taller personalizado: Macarons

Preparar macarons no es fácil. Es una receta que parece simple, pero es muy delicada y se requiere tener en cuenta muchos factores, algunos controlables y otros no tanto, por eso el pacto fue que si el resultado final no era el esperado, no debía pagarme el taller y sería simplemente un encuentro para intercambiar conocimientos en el que las dos ganaríamos.


La cita era a las 8 a.m. Madrugué y llegué muy puntual a la cita, me puse mi delantal y entramos de inmediato en materia. El día estaba algo húmedo, lo cual podría jugarnos en contra en el proceso de secado del producto.


Es curioso, porque en realidad los macarons son una de mis especialidades. Después de muchos años de práctica y de muchas latas arruinadas en el camino, ya tenía mi proceso controlado y mi receta estandarizada con resultados divinos, pero volviendo a las variables del entorno, desde que cambié de horno, he debido comenzar de nuevo porque el resultado ha empezado a fallar.


Iniciamos la preparación, intercambiamos tips, llegamos al momento de macaronear (integrar los ingredientes hasta lograr el punto indicado) y la mezcla nos quedó perfecta, mangueamos y hasta ahí todo iba bien… montamos dos latas divinas que prometían un buen resultado.


Anapaola tenía exactamente el mismo horno que yo, así que era probable que tuviéramos problemas, pero con la transparencia de declararme aprendiz en el proceso de enseñar, y con la clara posibilidad de que algo podría fallar, nos lanzamos.

Luego de un poco más de 1 hora de secado a temperatura ambiente, entraron las latas al horno y sobre el minuto 7, empezó el desastre… la "faldita" que se supone debe formarse, empezó a sobredimensionarse, se regó más de lo deseado. Finalizado el tiempo de horneado, si, los obtuvimos, pero no eran perfectos como se supone deberían quedar.

El resultado no fue fatal, pero si fuera del estándar

Buen sabor, buena textura recién salidos del horno, pero con un endurecimiento posterior indeseado… llegamos a una importante conclusión, el horno de convección no le hace bien a los macarons.


Pasamos un buen rato, intercambiamos técnicas e información, nos conocimos como colegas del mundo dulce y acordamos seguir experimentando, con la promesa de que cuando alguna de las dos logre el resultado esperado en ese horno, lo compartirá con la otra, porque de eso se trata este camino… enseñar para aprender y aprender para enseñar.


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