París: Un golpe de suerte

29.09.18

Como les contaba en mi post anterior, el objetivo principal de mi viaje es hacer un curso de pastelería en Londres, en realidad no tenía previsto venir a París, pero mi curso comienza el 1 de octubre y me dieron la visa justo desde ese mismo día, así que debí programarme para llegar a un destino alterno y poder ingresar a Inglaterra ese día muy temprano en la mañana.


Armé mi itinerario para distribuir mis dos días en París y visitar cuatro de las pastelerías de mi interés, pero ayer al consultar los horarios, me encontré con que no abren los domingos, de modo que el reto era lograr ir a todas hoy sábado antes de las 5:00 p.m. que es la hora del cierre. Alcancé a ir solo a tres.


A veces las cosas cuando se planean mucho no salen, y si no se planean tanto, pueden resultar sorprendentes… hoy fue una muestra de los dos casos.


De muy aventurera, me moví en metro y a pie a punta de mapas. Logré llegar con éxito a las primeras dos y dejé para el final de la tarde la que más me interesaba: L’Eclairs de Genie, de Christoph Adam.


Sobre las 3:30 p.m. inicié el camino a este destino, tenía suficiente tiempo para llegar. Todo iba muy bien, pero como París está lleno de diagonales y calles circulares, pasó lo inevitable, me perdí…


Caminé por casi 1 hora y media sin encontrarla, pasé varias veces a tan solo media cuadra pero parecía esconderse de mí… Cuando ya estaba perdiendo la esperanza, en un golpe de suerte pude corregir el rumbo y finalmente logré llegar ¡en el mejor momento del día!


L'Eclair de Genie, Paris. Los últimos eclairs del día.

Como ya estaban a punto de cerrar, justo en ese momento estaban ofreciendo degustaciones de los eclairs restantes de la producción del día, así que todo salió mejor de lo esperado, yo iba con la intención de comprar solo unito porque la verdad no son baratos (6 Euros cada uno, es decir unos COP$20.000), pero gracias a esa “hora feliz” logre probar 3 diferentes sabores…


Valió la pena la perdida, valió la pena llegar al cierre, valió la pena caminar tanto, valió la pena cada bocado. Probé el de crema pastelera de maracuyá y frambuesas frescas, de ganache de pistacho con confitura de frambuesas, y de crema de chocolate y avellanas con caramelo salado, ¡que delicia!


Quedé absolutamente encantada; es difícil describir esas texturas y sabores tan maravillosos así que la buena noticia es que me compré el libro de Christophe para aprender más y pronto sorprenderlos con los eclairs a mi estilo, al estilo Amor de Dulce.



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